12 de enero de 2009

Olvidarlo todo.

Lejos, caminaba como sin rumbo, intentando olvidar… de repente me di cuenta que ya no recordaba, así que me detuve. Di media vuelta para emprender el regreso, por si después de esta auto-terapia podía continuar con mi vida, pero lo que tenía en frente era un desierto blanco, inmenso, extrañamente despoblado, pues veía a muchas más personas caminando, mas todas ellas parecían estar tratando de olvidar y su presencia, por tanto, era imperceptible, como la de una sombra.

Comencé a caminar por si encontraba el camino que me devolvería  a mi vida, ya sin traumas, sin prejuicios, sin rencores… porque esa era la razón para la que un día, borrado ya de mi memoria, decidí salir a la ventura, por ver si al regreso todo era diferente. ¿Qué quería que cambiara? Ya no lo recuerdo más.

desierto blancoEsto es todo lo que puedo decirte, porque inmediatamente después te vi, sentado bajo esta carpa, mirando a quienes pasan penando, como una vez pasé yo, y no sé si te habré visto antes.

- Me viste, amigo, y te detuviste a conversar. Yo sí lo recuerdo, porque en mucho tiempo fuiste el primero en hacer una parada aquí. Desde entonces te espero.

¿Desde entonces, dices? ¿He tardado tanto en mi camino?

- Uno siempre tarda, aunque parezca que uno camina de prisa o que el tiempo nos aventaja acortándonos las horas… uno siempre tarda.

… ¿Cómo te llamas?

- ¿Por qué me lo preguntas? Eras tú el que quería olvidar todo. Mi nombre sabes, es sólo que ya no lo recuerdas.

Yo sólo quería olvidar lo que me acongojaba, nada más. Pero, parece que ya no puedo recordar si quiera cuándo fue la última vez que sonreí. Mas, mi buen amigo, puedes decirme entonces, ¿dónde he andado… y por qué no pude olvidar sólo lo que quería olvidar?

- Pues en donde has estado es un lugar sin nombre y se alimenta de ti. Tú le das vida y lo engrandeces. Tú… y también todos esos que has visto caminar sin levantar la cabeza, que miran hacía el vacío, intentando arrancar de su pecho el dolor y el sufrimiento, pero que en ese acto ofrecen lo único que los hace diferentes. Míralos de nuevo. Nadie puede vivir feliz olvidando sin más. Pueden decidir vivir sin volver a ver al pasado, pero cuando emprenden este viaje, arrancan su corazón y con él lo pierden todo.

Ya lo veo, es… muy triste…

- Pero ya no lo sabes, porque has olvidado cómo se siente estar triste y llorar. Ahora, tus sollozos y lágrimas son un mero reflejo automático de algo que alguna vez tuviste.

¿Y ya no hay regreso?

- Ahora sólo puedes quedarte aquí, porque una vez que has muerto, el regreso es sólo una vaga esperanza, un espejismo que te volverá a traer mañana… hasta entonces.